Este 1 de agosto estuvimos en el centro
de Vías Pecuarias de Malpartida de Cáceres para hacer la noche astronómica que
incluía la charla El cielo de una noche de verano y una salida de observación con telescopio.
Lo cierto es que el día se presentaba bastante mal. Ni parecía verano con las
brumas y nubes de la mañana, ni había mucho cielo que ver con la cola de un
frente barriéndonos literalmente de
oeste a este y bajando mucho las temperaturas en la noche.
Todo había sido preparado para hacer la
actividad al raso, a cielo abierto, en la calle del centro, convenientemente
cortada para la ocasión, pero el viento se encargó de complicar la tarea de los
trabajadores que estaban montado el escenario.
Llegada la hora, más los siempre
necesarios 15 minutos de cortesía, comenzamos la charla con bastante público.
No me gusta alargar este tipo de actividad más de 50 minutos, pero esta se
estiró un poco más de lo debido. Lo siento por los pobrecitos que aguantaron
hasta el final con el aire y el fresco que tuvieron que soportar, a la
vez que aprecio enormemente su esfuerzo. Espero que al menos disfrutaran de las
diapositivas y las explicaciones. Creo que los más pequeños pasaron un buen
rato.

En principio el plan era que la gente fuera
hasta la ermita andando y así yo disponía de tiempo para desplazarme al lugar y
montar el telescopio antes de que todo el mundo llegara. Naturalmente, pocos
fueron los que se atrevieron a hacer la travesía a pie con la rasca que hacía.
En definitiva, sobre mi cogote más de 100 personas contemplaban cómo se monta y
orienta un telescopio a toda pastilla.
Con el artilugio ya montado y funcionando
empezamos a localizar Marte y Saturno a simple vista, trazamos las
constelaciones (la noche se ha limpiado bastante, aunque la humedad y el aire
hacen estragos en la tropa), y aprendemos a encontrar la estrella polar.
Y por fin, la observación por el
telescopio. Imperdible Saturno, no solo por su belleza, sino porque ya está
bajando peligrosamente y no hay tiempo que perder. Primero el ejército de los más
pequeños (para estos menesteres me he habituado a llevar siempre una utilísima escalera-taburete),
y después los mayores –todos apelotonados
junto al telescopio, ávidos de ver el planeta de los anillos. La espera fue
larga, pero para muchos la visión mereció la pena. Terminado Saturno quedábamos
menos de la mitad para seguir viendo más objetos y tan solo un puñado (más bien
5 o 6) cerramos la sesión sobre las 2 de la madrugada.
La jornada dio para acuñar una nueva
descripción de Saturno. Cuando le pregunté a un peque que contara lo que veía,
me dijo: es de color carne y tiene ojos,
refiriéndose al espacio vacío entre los anillos y el borde del disco
planetario.
Debo agradecer el trabajo de colaboración
de los trabajadores del ayuntamiento que hicieron posible que la charla se
realizara con total normalidad, a pesar de que los elementos no lo pusieron
nada fácil. A Carmen Domínguez y su compañera del centro de Vías Pecuarias por
contar con la asociación, por su maravilloso trato y por todas las facilidades
que me dieron, así como a la concejala de cultura por los obsequios con los que
nos agasajaron. Y gracias, como no, a mi amigo Fidel Olivenza por sus fotos del evento, que ilustran esta entrada, y su labor de
soporte durante toda la noche.
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