sábado, 2 de agosto de 2014

Noche de Astronomía en Malpartida de Cáceres

Este 1 de agosto estuvimos en el centro de Vías Pecuarias de Malpartida de Cáceres para hacer la noche astronómica que incluía  la charla El cielo de una noche de verano y una salida de observación con telescopio. Lo cierto es que el día se presentaba bastante mal. Ni parecía verano con las brumas y nubes de la mañana, ni había mucho cielo que ver con la cola de un frente barriéndonos  literalmente de oeste a este y bajando mucho las temperaturas en la noche.

Todo había sido preparado para hacer la actividad al raso, a cielo abierto, en la calle del centro, convenientemente cortada para la ocasión, pero el viento se encargó de complicar la tarea de los trabajadores que estaban montado el escenario.

Llegada la hora, más los siempre necesarios 15 minutos de cortesía, comenzamos la charla con bastante público. No me gusta alargar este tipo de actividad más de 50 minutos, pero esta se estiró un poco más de lo debido. Lo siento por los pobrecitos que aguantaron hasta el final con el aire y el fresco que tuvieron que soportar, a  la vez que aprecio enormemente su esfuerzo. Espero que al menos disfrutaran de las diapositivas y las explicaciones. Creo que los más pequeños pasaron un buen rato.

Terminada la charla teníamos que decidir si arriesgarnos a continuar con la salida de observación o posponerla para otra fecha. Como desde la ventana que ofrecía la calle la cosa parecía que iba tomando un buen aspecto, decidimos seguir adelante con el programa y marchar hacia la ermita de San Isidro, junto al monumento natural de Los Barruecos, para contemplar el cielo de una noche de verano en vivo.

En principio el plan era que la gente fuera hasta la ermita andando y así yo disponía de tiempo para desplazarme al lugar y montar el telescopio antes de que todo el mundo llegara. Naturalmente, pocos fueron los que se atrevieron a hacer la travesía a pie con la rasca que hacía. En definitiva, sobre mi cogote más de 100 personas contemplaban cómo se monta y orienta un telescopio a toda pastilla.

Con el artilugio ya montado y funcionando empezamos a localizar Marte y Saturno a simple vista, trazamos las constelaciones (la noche se ha limpiado bastante, aunque la humedad y el aire hacen estragos en la tropa), y aprendemos a encontrar la estrella polar.
Y por fin, la observación por el telescopio. Imperdible Saturno, no solo por su belleza, sino porque ya está bajando peligrosamente y no hay tiempo que perder. Primero el ejército de los más pequeños (para estos menesteres me he habituado a llevar siempre una utilísima escalera-taburete),  y después los mayores –todos apelotonados junto al telescopio, ávidos de ver el planeta de los anillos. La espera fue larga, pero para muchos la visión mereció la pena. Terminado Saturno quedábamos menos de la mitad para seguir viendo más objetos y tan solo un puñado (más bien 5 o 6) cerramos la sesión sobre las 2 de la madrugada.

La jornada dio para acuñar una nueva descripción de Saturno. Cuando le pregunté a un peque que contara lo que veía, me dijo: es de color carne y tiene ojos, refiriéndose al espacio vacío entre los anillos y el borde del disco planetario.

Debo agradecer el trabajo de colaboración de los trabajadores del ayuntamiento que hicieron posible que la charla se realizara con total normalidad, a pesar de que los elementos no lo pusieron nada fácil. A Carmen Domínguez y su compañera del centro de Vías Pecuarias por contar con la asociación, por su maravilloso trato y por todas las facilidades que me dieron, así como a la concejala de cultura por los obsequios con los que nos agasajaron. Y gracias, como no, a mi amigo Fidel Olivenza por sus fotos del evento, que ilustran esta entrada, y su labor de soporte durante toda la noche.


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