sábado, 28 de diciembre de 2013

El brillo del lucero de la tarde

Venus y la Luna sobre la mina Esmeralda. Cáceres
08/10/2013. Venus y la Luna al atardecer
      Seguramente muchos de vosotros os habréis fijado en el enorme brillo que durante este mes de diciembre muestra Venus en el cielo vespertino. Uno de nuestros nuevos amigos de afición me preguntaba por el tema hace unas semanas, y mi respuesta inmediata fue que se debía a su mayor proximidad a la Tierra respecto a fechas anteriores. 

     Si bien es cierto que dicho aumento de brillo está directamente relacionado con la distancia a nosotros, esta explicación resulta un tanto simple, ya que no solo la distancia juega un papel importante en las variaciones de brillo del planeta, por lo que conviene describir con más detalle cómo es esa evolución. 

       El lucero del alba (lucifer), o de la tarde (vesper), se halla a 100 millones de kilómetros del Sol (recordemos que la Tierra está a 150 millones de kilómetros). En el momento de máxima distancia a la Tierra – llamado conjunción superior, cuando el Sol se interpone entre los dos planetas- nos separan 250 millones de kilómetros. En el punto de la mínima distancia Tierra-Venus (conjunción inferior), con Venus entre la Tierra y el Sol, la distancia se reduce a cerca de 50 millones de kilómetros. En la posición intermedia entre ambas conjunciones (elongación oriental y elongación occidental), la distancia es de unos 180 millones de kilómetros. Con estos datos cabría suponer que la mejor época para observar Venus es cuando llega a la conjunción inferior. Sin embargo, en estas fechas Venus está peligrosamente cerca del Sol y además la parte visible de su disco es casi nula ¿Cómo es posible?

      Resulta que Venus presenta fases, igual que la Luna, que varían dependiendo de su posición relativa entre nosotros y el Sol. Así, en la conjunción inferior tenemos a Venus en fase nueva, lo que significa que el Sol incide en la cara del planeta que no podemos ver (mínima distancia a la Tierra y mínima superficie iluminada). En la conjunción superior tenemos a Venus en fase llena, pero muy alejado de nosotros, por tanto, el área observable que refleja la luz del Sol es la máxima, pero el planeta está a la máxima distancia de la Tierra, con lo que su brillo es menor. 

Venus a través del telescopio
     Durante las elongaciones tenemos los cuartos menguante (en la oriental) y creciente (en la
occidental), es decir, que el planeta muestra la mitad de su disco iluminado y la otra mitad oscurecido. Hay un momento en el que distancia y superficie iluminada se combinan para ofrecer el máximo brillo. Ese momento llega cuando el planeta muestra un 45% de su disco visible. Esto se produjo el día 6 de diciembre y, a partir de entonces ha ido disminuyendo de brillo, a la vez que va descendiendo en el cielo para alcanzar su conjunción inferior – el 11 de enero del 2014- y empezar a verse en los cielos matutinos, invirtiendo el proceso.


 Si aprovecháis ahora para observar Venus a simple vista, podréis comprobar que es relativamente fácil encontrarlo entre la claridad del atardecer. Además, si os fijáis bien, el planeta no aparece puntual, sino como una diminuta línea, debido a su avanzada fase menguante. Provistos de unos prismáticos se puedue ver la fase del planeta sin ninguna dificultad. Pero, eso sí, nunca lo intentéis cuando el planeta esté cerca del Sol. 

 Buenos cielos y feliz 2014.

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